| Revolución de Consciencia |
Alergias PrimaveralesHoy justamente he vuelto al trabajo después de varios días de "asueto", como dirían en el pueblo de mi abuela, que lo he hecho mío, aunque no lo conozco, porque yo no tengo. Y aunque ése no sea el motivo de este post, os diré, a riesgo de incidir en algo poco interesante, que siempre quise tener un pueblo, como mis amigos del barrio, que en verano decían "me voy al pueblo", y yo me queda sola esperando su vuelta, para que me contaran lo genial que se lo pasaban disfrutando del campo y de la libertad que les daban sus padres de quedarse hasta la madrugada jugando en la calle. De todos modos, como ya he dicho, ése no es el motivo de este artículo, sino las palabras iniciales, que son la vuelta al trabajo tras unas breves vacaciones. A las ocho de la mañana me enfundé el traje del lunes, la cara de perro habitual, y me puse en marcha, renegando de todos los ancestros, y en especial de Eva, que tuvo que comer la maldita manzana que nos hizo tener que ganar el pan con el sudor de nuestra frente. Sin embargo, ha sucedido algo que me ha hecho avergonzarme de mis protestas, más allá de la culpa proveniente de pensar en los cuatro millones de parados que ahora mismo tiene España, y en la demagogia consecuente de que uno no debe quejarse de su trabajo en momentos en que tantos quisieran madrugar por tener una ocupación. La cuestión es que, al finalizar la jornada, en el pequeño trayecto de vuelta a casa, siempre pongo la radio en el coche, y el programa de hoy trataba de "alergias curiosas", por las cosas de la primavera... De pronto ha llamado un individuo contando que a su cuñado le dieron la incapacidad laboral por alergia al trabajo. Y no es un chiste, resulta que el tipo se llenaba de ronchas en las manos cada vez que pensaba en que tenía que ir a trabajar, por una enfermedad psicosomática. Lo cierto es que me ha dejado una sonrisa, y ganas de trabajar... supongo que ha tenido la noticia un efecto que lo he dado en denominar "paradójico" (en un acto de ingenio espontáneo, fíjense qué derroche de imaginación) que me ha servido para agradecer, en lugar de protestar, que es lo que suelo hacer cada lunes. Y aunque pueda parecer que el motivo tenga un origen surrealista, la cuestión es que, en este caso, y actuando como Maquiavelo, me importan poco los medios, ya que el fin ha sido realmente positivo. Así que, en estos días de primaveras, alergias, cuaresmas, crisis y otros sucedáneos de la vida, he intentado comprender esa semilla de positividad que tienen todos y cada uno de los actos de nuestra vida, o más que eso, esa semilla de sabiduría que llena nuestras experiencias, no sólo con arrugas, sino también con el placer de comprender, cada día, que efectivamente todo tiene un sentido, todo tiene un motivo, y que no sirve con decirlo de boquilla si uno no lo siente desde lo más profundo de su ser. Os regalo esta invitación primaveral al "efecto paradójico", para que os envolváis también del agradecimiento, por cualquiera de los motivos de los que hoy disfrute vuestra vida, y una vez más, os felicito por el cambio de estación, que en sí mismo, ya es una alegría y un regalo del movimiento de los astros del universo. 18:27 - 22/03/2010 - comentarios {2} - publicar comentarioDe semejanzas varias y otras oportunidadesLa Tierra está inquieta, y no quiero con esto alentar los tan utilizados argumentos apocalípticos para validar el pensamiento que quiero aquí explicar, sino que, muy al contrario, encuentro un vestigio de camino altamente positivo en toda esta circunstancia. Allá donde se produce un desequilibrio, también nace una oportunidad, y creo que eso es precisamente lo que nos está sucediendo en este momento. Parece existir una relación poco observada entre nuestra mente y las circunstancias externas y cotidianas de la vida diaria. Sabemos que las teorías de la llamada “New Age” acuden con frecuencia a la física cuántica para avalar sus argumentos sobre la unidad del cosmos y la relación entre lo que pensamos y lo que vivimos. Yo no quiero utilizar aquí a la física, ni a la “New Age”, ni a las religiones ancestrales que vienen anticipando estos datos, sino que me limito a ser un mero observador/a de la situación. Contemplo las actitudes humanas y los comportamientos más comunes en los tiempos que nos ocupan. ¿Qué tienen los hombres y mujeres de hoy en la cabeza? Podemos observar una serie de “preferencias” que se mueven en nuestras cabezas, modificando en cada uno de nosotros el lugar en la escala de importancia, en base a la elección que uno desee, sin embargo, éstas pueden ser muy distantes en función de la sociedad en la que nos movemos. El motivo primordial de todo ser humano es la subsistencia, es decir, queremos vivir, y queremos vivir lo mejor posible. Por tanto, este motivo realiza una división inicial que se basa en aquellos que su motivo es la mera subsistencia y aquellos que, una vez cubiertas sus necesidades básicas, tratan de conseguir una vida feliz. Todavía hay muchos millones de personas en el mundo para los que la búsqueda de la felicidad no es un motivo primordial. Mientras tengan para comer, habrán saciado ya una prioridad básica. Así que, observamos cómo un porcentaje que vamos a tomar como referencia de un 75% de la población mundial, lucha por subsistir, de modo que ésa es su principal preocupación. Por otro lado, damos un 25% de porcentaje a la población que tiene sus necesidades cubiertas. Este grupo de personas ¿de qué se preocupa?, ¿qué espera de la vida?. Bien, es fácil observar a este sector de la humanidad desde nuestra privilegiada situación de primer mundo. Creo que uno de los principales motivos de preocupación del hombre y la mujer de hoy es la búsqueda de la estabilidad, porque relacionamos directamente a ésta con la felicidad. Creemos que un trabajo estable, un matrimonio estable, una familia estable… etc, será capaz de mantener nuestras expectativas de felicidad. En resumen, no nos gustan los cambios. Y para conseguir esto ¿qué sacrificamos? Pues hoy en día el sacrificio es claro, las parejas trabajan para mantener una estabilidad económica y social, y para mantener una serie de “útiles” que hemos comenzado a ver como “necesarios” y que hace tan solo unos años nos resultaban “lujos”. Y podemos preguntarnos: “si, trabajamos mucho, pero más trabajaban los campesinos de la Edad Media, o los obreros de la Revolución Industrial” y efectivamente, hemos alcanzado cierto nivel de comodidad laboral en ese aspecto, con mejoras de todo tipo, sin embargo, la diferencia no se encuentra en el número de horas laborales, sino más bien en los motivos. Mientras que antes se trabajaba para el sustento, como se viene haciendo en el porcentaje más elevado de la población, nosotros, los “afortunados”, trabajamos para el sustento del “lujo”, para no quedarnos atrás en la carrera por la competencia y la comparación. Estamos sumidos en la rueda del deseo, del ansia por tener más, y no nos damos cuenta de ello. El que trabaja mucho para subsistir, no tiene tiempo para la avaricia. De modo que alimentamos una especie de “dependencia” de la acumulación y el consumismo, y estamos tan enganchados a nuestros aparatos electrónicos, como el yonqui a su jeringa. No podemos vivir sin televisión, sin móvil, sin portátil, sin lavadora, lavavajillas… y un largo etcétera de utensilios que nos hacen la vida más fácil. Estoy, por supuesto, totalmente a favor del progreso tecnológico, y soy la primera beneficiada del nacimiento del lavavajillas, al cual, de vez en cuando, pongo una vela en señal de santificación por hacerme la vida más feliz, sin embargo, más allá del beneficio que producen estos artículos, como siempre, el problema no está en la herramienta, sino en el uso de la misma. La preocupación desmesurada por el mantenimiento de una vida tecnológica y en la línea de aquellos que viven “mejor” que uno mismo, conlleva un sufrimiento constante por no poder alcanzar el punto en el que consideramos que seríamos “felices”. Es decir, entrar en esta rueda implica aceptar las reglas de este juego: “siempre queremos más”. Por tanto, la visión se centra siempre en el futuro, olvidándonos así de un presente maravilloso al que agradecerle todo lo que ya tenemos, y disfrutar de todo aquello que conseguimos, dejando ver la parte de felicidad que tiempo atrás pensamos que nos proporcionarían los logros que ya hemos alcanzado y que, sin embargo, ahora, una vez obtenidos, ya nos parecen insuficientes. ¿Qué quieren las personas una vez que han conseguido una pareja, unos hijos, un trabajo estable y un cierto estatus económico? ¿Se sentirán entonces felices, o seguirán buscando “otra cosa”? ¿Por qué queremos más? ¿Por qué nunca terminamos de sentir esa ansiada felicidad? Como vemos, existe un conflicto entre la imagen de lo que las personas creemos que es la felicidad, y lo que sentimos en el día a día. Hay un claro desfase entre ambas, y eso es lo que proporciona el desaliento. Nos imaginamos siempre una vida “más ideal” que la que ya tenemos, y no conseguirla nos produce sufrimiento. Esa brecha separa, divide la visión mental de la realidad. De modo que nuestras cabezas viven esa división que se torna en dificultad constante; problemas, problemas…. problemas. Como nuestras cabezas sufren, nuestros actos diarios, que son un reflejo de lo que sucede en nuestras cabezas, tienen también ese aliño de sufrimiento que constantemente discurre dentro de nosotros. La vida se convierte en una continua preocupación. Y aparece aquí una nueva división. Lo que tengo en mi mente no sólo no encaja con lo que tengo dentro, sino que tampoco encaja con lo que tengo fuera. El mundo que me rodea no es como yo desearía, y por tanto, los actos de cada día no son como yo desearía que fueran. Nuevamente la división nos lleva al desequilibrio. Vamos a pensar en un poquito más grande. Los políticos, que son el reflejo de las sociedades, están en constante división, a la gresca, con las uñas fuera, dispuestos a discutir y por supuesto, trabajando por conseguir el poder, como fin primordial de sus esfuerzos, antepuestos estos al bien de la sociedad, que es, en realidad, para lo que deberían trabajar. Vemos entonces una nueva división: La esencia del político es trabajar por las personas, sin embargo, trabajan por lo mismo que todos, por conseguir más poder económico, más posición social…etc. Aunque en otra escala, es el mismo sentimiento que nunca termina y nunca sacia. Hemos partido de la división de la sociedad en ricos y pobres, en subsistores y buscadores de estabilidad. Hemos continuado con la división producida entre la mente y la esencia del individuo, y seguimos con la división entre la persona y su mundo exterior. También hay división en el escenario político, entre las naciones…etc, y así podemos continuar hasta una infinidad de divisiones presentes que conforman nuestra realidad. La fricción, la pelea en la dualidad, la lucha por la diferencia, constituye el desaliento de las personas. Del mismo modo, la tierra ruge por su fricción interna, sufre el empeño del hombre por “evolucionar” tecnológicamente sin tenerla en cuenta. Nos olvidamos del lugar en el que vivimos, nos olvidamos constantemente de que la tierra es nuestra casa, y en nuestra casa nunca se nos ocurriría soltar gases tóxicos, o tipo alguno de contaminación. Sin embargo, nuevamente la división entre el hombre y su entorno nos lleva a observar la tierra desde la lejanía, como si fuera un ente que nos sujeta en el espacio, inmóvil e inerte. Se me presentan así claras pistas con los movimientos de El terremoto es una fricción de placas tectónicas, es división, es enfrentamiento. ¿Acaso no sucede lo mismo en nuestras vidas? Nuestros ánimos están calientes, abiertos a disputas, y calentamos también el planeta con nuestros movimientos. En fin, que cada día, como mero/a observador/a compruebo más semejanzas entre el comportamiento de ambos, y es obvio que la tierra se comunica con nosotros a través de su movimiento y sus reacciones. Como comencé este artículo, creo que, en estos momentos de obvio desequilibrio, podemos tomar un mensaje positivo: “tenemos una oportunidad”, surge ante nosotros una excelente ocasión para aprender del planeta que nos cobija, para aprender de aquellos que tenemos a nuestro alrededor, para aprender a convivir como un conjunto y no como una división. Pienso también que, del mismo modo, relajar el calentamiento de nuestras mentes, el terremoto de nuestros pensamientos, el volcán de nuestros impulsos más primarios, puede ser el primer paso necesario para calmar el ánimo general y devolverle por fin a 18:46 - 8/03/2010 - comentarios {4} - publicar comentarioRezumba la lavadora en su centrifugado, con furia apasionada, escurriendo las gotas que desaparecen con el movimiento circular y veloz del mecanismo…. Mmm, me recuerda en algo a mí cabeza… nunca imaginé que tuvieran tanto en común la ropa y el pensamiento… si continúo con el silogismo lo mismo deduzco que Karl Lagerfeld es un excelente filósofo… 17:58 - 2/03/2010 - comentarios {2} - publicar comentarioDe manifiestos personales y otras hierbas...La gente habla de la “no violencia”, de no ser rencoroso, de no ser envidioso, de no ser, no ser… pero en realidad somos, lo somos si, somos violentos, somos rencorosos, somos envidiosos, y otros tantos “osos” que ahora me vienen a la cabeza y que conozco perfectamente porque, de vez en cuando, yo también sufro su aparición. ¿Para qué negar este hecho? ¿Para qué tratar de “no ser”, cuando en realidad “somos”? Prefiero, sinceramente, observar de frente a esa violencia que me viene cuando se conjuga con la furia, mirar a la cara al rencor, a la envidia, a la impotencia, a la angustia… a todos esos sentimientos que componen el ser humano y que “son”, por mucho que intentemos que no sean. Prefiero, sinceramente, tratar de conocerlos mejor, para así, algún día, vencerlos, no porque los ignore, sino porque salga victoriosa de la batalla. No podemos eludirlos, porque nos persiguen. Mi furia no entiende de meditación zen, y de momento, no sé aplacarla de otra forma que mirándola de frente y preguntándole ¿quién eres?, porque el hecho de observarla me permite sacarla de mí, aunque sea por un instante, y deja, aunque sea por un segundo, de ser yo, para ser otra cosa, algo llamado furia, un instinto, una emoción, algo que todo el mundo conoce y que es inherente al hombre. Miro mi decepción, porque cada día, las personas que quiero, se desvanecen entre mil y una máscaras que desconozco, y me doy cuenta de que ni siquiera las conozco, y se va reduciendo el que antaño era un nutrido grupo de amigos y seres queridos, y los que quedan se afianzan como el acero. Sin embargo, después de aquel enfrentamiento surge una calma acuática y ligera, de la que se desprende una extraña sensación de felicidad. Elegí lo adecuado. Ya no quiero hipocresía en mi vida, no quiero más teatro que el que me den actores profesionales, no quiero “quedar bien”, ni “quedar mal”, porque la vida y las actitudes no son un manifiesto de conveniencias y formalismos. Quiero el sentimiento puro, el natural, cristalino, de frente, tranquilo o inquieto, pero de frente, visible, sincero. Creo que no es momento para mentiras. Díganle a A veces, uno sufre porque no sabe ser feliz, y eso lo entristece doblemente, por la ignorancia y por la tristeza. 18:10 - 1/03/2010 - comentarios {0} - publicar comentario¿Dónde está Pichí?Contaría con cinco o seis años de edad cuando me regalaron un pequeño pajarito gris que mis padres trajeron en una jaula. Lo pusimos de nombre Pichí, porque mi tía Carmen me llamaba Heidi. Trataba de alimentarlo todos los días y hacerle los mimos espontáneos de la infancia, que ahora, con la distancia, me producen una enorme ternura y un anhelo por la pérdida de la inocencia, en cierto punto. Una mañana de sábado, como le sucedió a Heidi, Pichí se escapó. La puertecita de la jaula estaba abierta, y el pequeño ave se había marchado. El primer sentimiento fue de rabia, el llanto no cesaba y mi madre trató de consolarme. Salí con mi hermana a la calle a buscarlo, pero fue inútil. Pichí se había ido. Recuerdo vagamente la escena, en los detalles, pero tengo un nítido recuerdo del sentimiento. Pensé que mi amigo, si se había ido, era porque no quería estar conmigo, por lo que todo el tiempo anterior habría estado en la jaula ajeno a su voluntad. Eso fue lo que más triste me puso de todo, si yo quería estar con él, ¿por qué ese sentimiento no era recíproco? Desde entonces, cada vez que veo un pájaro en una jaula, pienso que su mayor deseo es volar, porque sus alas son el impulso vital del ave, su hábitat es el cielo, el aire por el que se maneja a su antojo. Y siento una enorme tristeza porque esa libertad que le dio su naturaleza se ve cortada por el deseo del hombre de tenerlo junto a él. Pienso que quizás, las personas, a veces no nos damos cuenta de los deseos del otro, y coartamos su libertad por nuestra voluntad, porque en nombre del amor pretendemos que estén siempre a nuestro lado, cuando la realidad del amor es aceptar al otro en su naturaleza, amar sus alas y su deseo esencial, su impulso vital. 21:58 - 27/02/2010 - comentarios {0} - publicar comentarioA aquellos que hablan solos en voz alta les llamamos locos, y mientras, hablamos constantemente en silencio, diciéndonos una y otra vez lo tontos, lo buenos, lo guapos y lo feos que somos… creo que el límite de la locura no está únicamente en el volumen de la voz. 19:28 - 26/02/2010 - comentarios {0} - publicar comentario¿Quién soy yo?Me importan tus manos, el aire, la risa, la vista de lo que soy con tus ojos el espacio cóncavo y convexo que nos reúne y que nos distancia. Me importa el ser humano porque se define con palabras y con ruegos, porque busca insaciablemente una forma eterna de sobrevivir. Convencer a la lluvia de sus motivos y atenciones, completar con ella las tardes silenciosas, abiertas, mayúsculas, como las letras con las que podría empezar a definirte. Coleccionar enigmas concretos que desconozco, y dejarlos en el misterio para que puedan seguir siendo interesantes. Apretar fuerte las manos con la rabia de una impotencia contenida o despertar junto a ti, sabiéndote amado. No me asusta la visión desconocida, y menos aún la imposible. Me aterra la no existencia, si, (y me contradigo) y más en la noche... y más aún en la madrugada fría, entre el hielo de la ignorancia y la muerte de la preocupación. En un desierto inmenso de desconocimiento me concibo, me concibieron así y me elaboro cada día entre amasijos de materia tratando de ser un guiso menos complicado para entenderme. Y sigo siendo esa incógnita permanente que castiga el pensamiento ¿quién soy yo? Si lo supiera, quizás, ya no dudaría tanto… 19:13 - 26/02/2010 - comentarios {0} - publicar comentarioLa Hipocresía SolidariaHoy voy a hablar de dos temas que están muy de actualidad: El debate de la inmigración se reabrió por la decisión del Alcalde de Vic de no empadronar a los inmigrantes ilegales, acto que les sirve para acceder a una tarjeta sanitaria y la escolarización de sus hijos. Me pregunto por qué razón otorgamos tantos recursos a la ayuda humanitaria que tenemos a miles de kilómetros (lo cual, repito, alabo) y sin embargo, la ayuda que podemos proporcionar aquí mismo, a estas personas que vienen buscando una oportunidad que no tienen en su país, por estar sumidos en la pobreza, se la rechazamos. Una encuesta de un periódico de tirada nacional, dice que siete de cada diez españoles están en contra de la inmigración ilegal y consideran oportuno que todo aquel que se acerque a España lo haga previo contrato de trabajo, cuestión que, de no conocer nuestro país, encuentro de lo más complicado. Incluso he llegado a leer las palabras de un político que decía que, si el centro sanitario de su localidad estuviera colapsado, atendería antes a los españoles que a los extranjeros. Me pregunto si la naturaleza del hombre se tiene que distinguir por el lugar en el que se nace, si ponemos por delante las cuestiones nacionales antes que los derechos humanos. Además, hemos de añadir otro tema de actualidad, para hacer la tríada del artículo de hoy: Creo, de todo corazón, que estas cuestiones pertenecen más a la política que a la ciudadanía, o al menos, así lo espero, y que la mayoría de los ciudadanos optamos por una solidaridad menos hipócrita que la que mira de reojo al que tiene al lado y con cariño al que tiene a miles de kilómetros. 18:46 - 25/01/2010 - comentarios {5} - publicar comentarioLa Tierrahttp://www.elmundo.es/elmu 18:43 - 21/01/2010 - comentarios {0} - publicar comentarioCarl Jung"El que va hacia sí mismo corre el riesgo de encontrarse consigo mismo. el espejo no favorece, muestra con fidelidad la figura que en él se mira, nos hace ver ese rostro que nunca mostramos al mundo, porque lo cubrimos con la persona, la máscara del actor. Pero el espejo está detrás de la máscara y muestra el verdadero rostro. Ésa es la primera prueba de coraje en el camino interior; una prueba que basta para asustar a la mayoría, pues el encuentro consigo mismo es una de las cosas más desagradables y el hombre lo evita en tanto puede proyectar todo lo negativo sobre su mundo circundante"
Extracto del libro "Arquetipos e Inconsciente Colectivo" de C.Jung 21:16 - 20/01/2010 - comentarios {2} - publicar comentarioCosas de Científicos...En la Unión Soviética, en tiempos de Stalin, las teorías lamarquistas hacían mella entre sus científicos. Según el biólogo francés Lamarck, el conocimiento adquirido, así como los rasgos de carácter y transformaciones desarrollados o impuestos en el curso de una vida, se transmitían a las siguientes generaciones. Por este motivo, para el condicionamiento stalinista, resultaba una teoría muy beneficiosa, puesto que el aprendizaje de estas generaciones, traería el fruto de la herencia en generaciones futuras. 19:25 - 19/01/2010 - comentarios {2} - publicar comentarioDeepack Chopra“Gracias a esta evolución experimentamos estados extendidos de conciencia. La próxima vez que te sientas atraído por alguien, pregúntate qué te atrajo. ¿Su belleza, gracia, elegancia, autoridad, poder o inteligencia? Cualquier cosa que haya sido, sé consciente de que esa característica también florece en ti. Si prestas atención a esos sentimientos podrás iniciar el proceso de convertirte en ti más plenamente. Lo mismo se aplica a las personas hacia las que sientes rechazo.” Leo este artículo de Deepack Chopra, y trato de meditar sobre lo que nos está queriendo decir con esto, aplicándolo en la práctica cotidiana. Así siento que el amor de pareja, en su lado positivo, nos proporciona un aumento en la propia admiración, cuestión que me había pasado ligeramente desapercibida hasta hoy. Las cosas que admiras en el otro te hacen tratar de ser mejor persona, y como si se tratara de un flujo que revierte sobre ti, te hace ser más consciente de tus propios valores y trabajar en ellos para que vayan floreciendo. Creo que es una alerta fundamental para descubrir que lo que uno siente es amor, y no enamoramiento, pasión o cualquier otro sentimiento que nos puede despertar la atracción por alguien. 21:04 - 13/01/2010 - comentarios {2} - publicar comentarioUniverso Conscientehttp://www.elmundo.es/elmundo/2010/01/05/ciencia/1262711247.html ¿No os parece alucinante? Poder tener tantos datos sobre el universo… y aún así encontrarnos tan perdidos, tan ignorantes… Ayer, mientras veía un documental sobre el Cosmos, escuchaba a los científicos hablar y no salía de mi asombro. Sus estudios ofrecen datos increíbles sobre la expansión del universo, su aceleración, su origen y su destino, sin embargo, todos estos datos están basados en aproximadamente un 4% de la materia del Cosmos, que es lo que conocemos. El resto se distribuye en “energía oscura” y “materia oscura” que nos son por completo desconocidas. Esto me recuerda a que hace pocos días leí que el mayor porcentaje de nuestra estructura de ADN se ha dado a denominar ADN “Basura”, puesto que no comprendemos su función. De modo que, la ciencia, con todos sus avances y sus descubrimientos que nos llevan a admirarnos de a dónde ha podido llegar el hombre, tiene un pequeño campo de acción para observar la realidad, según sus propias comprobaciones. El resto son puras divagaciones que le pertenecen más a la metafísica que al propio método científico. Del mismo modo, creo que en el hombre y en su conciencia, sucede algo similar a lo que vemos en el universo o en el ADN humano. Supongo que utilizamos un mínimo porcentaje de nuestra conciencia, mientras que el resto está oscuro, como la “energía oscura” de la que habla la Astrofísica, o como el ADN basura del que habla la Genética. Y en todas estas divagaciones, que ya pertenecen más a la Metafísica que a la ciencia y que, por tanto, son meras suposiciones, pienso que, a medida que ampliemos nuestra conciencia, podremos ampliar también nuestros descubrimientos científicos y el campo de observación. Creo que es fundamental que se estudie más a la conciencia, porque habitualmente se puede pensar que el método funciona a la inversa, y que a medida que aumentan los descubrimientos científicos, se incrementa nuestro conocimiento, y eso es cierto, sin embargo, el conocimiento difiere de la conciencia, y creo que es ésta última la que tiene la llave para abrirnos los ojos, como lo ha ido haciendo durante toda la evolución humana, desde que éramos animales con un mínimo de ella, o cuando ni siquiera la tuvimos. 21:26 - 7/01/2010 - comentarios {2} - publicar comentarioKrishnamurtihttp://www.youtube.com/watch?v=lIIGH_UB2iI&feature=related21:14 - 2/01/2010 - comentarios {2} - publicar comentarioAgujeros Negros.... MentalesHoy he descubierto que uno de los grandes dilemas de la astrofísica actual, es el de si viene primero la galaxia, o su agujero negro, es decir, si primero fue la gallina o el huevo, pero mucho más sofisticado. Al parecer han descubierto una galaxia que produce una cantidad enorme de estrellas, en concreto, la velocidad a la que las produce es de 350 soles por año. Obviamente, deduzco que esta cantidad es muy elevada por la sorpresa de los científicos, y no por lo que yo pueda entender que significa, más allá de la expresión “mucho”, que surge espontáneamente al leer la noticia. La cuestión es que, leyendo el artículo, es inevitable transportarse a ese lugar de la mente que, en cierto modo, nos lleva a su propio agujero negro, a ese punto en el que no logramos definir el origen de las cosas, porque se ve enturbiado por una especie de nube de pensamiento que se enreda en el típico dilema del huevo y la gallina. Ya lo decían los herméticos, como es adentro es afuera, y si entramos a pensar en nuestro propio origen, acabamos en el mismo punto que si pensamos en las galaxias. De modo que, me da por plantearme si, además de nuestras investigaciones científicas acerca del universo, no deberíamos hacer una investigación también acerca de nuestra conciencia, de nuestro pensamiento, ya que éste es el origen también de la confusión inicial, y es en él donde se convocan todos los descubrimientos humanos. Nuevamente, llego al mismo punto, la apertura de nuestra conciencia, pienso, será capaz también de hacernos comprender las cosas que nos rodean, más allá de lo que ahora conseguimos entender. La mente ejerce ese mecanismo en el que confluyen las dos vías de origen posible, pero ¿somos capaces de comprender ese mecanismo?, ¿por qué la mente nos dirige hacia la confusión en el inicio?, ¿Por qué no somos capaces de comprender el principio y el final? Entonces pienso que, quizás, el principio y el final no son más que los opuestos creados por nuestra propia mente, que son creaciones del hombre y que tratamos de ponerlos en todos los ámbitos de la existencia, porque investigamos desde la mirada humana ¿qué otra cosa podemos hacer? ¡Somos humanos! Y mientras tratamos de ponerle un principio y un final a todo, nos perdemos la auténtica esencia de las cosas. Es posible que la dualidad nos impida ver el equilibrio, tener las respuestas que tanto ansiamos. Y así en nuestra pequeña película personal como individuos, sucede en la misma forma. Buscamos nuestro principio, y más allá sentimos un frío vacío sobre el que preferimos no pensar porque nos produce una sensación congelada de inestabilidad e incertidumbre. Igual que si pensamos en el final, el mismo frío, el mismo vacío, el mismo miedo que al principio. Y me pregunto entonces, si ese principio y ese final que tanto nos asustan, no son más que creaciones de nuestra mente finita que a todo tiene que ponerle un inicio y un fin, ¿no será también ese vacío una consecuencia de nuestro pensamiento finito y humano, al igual que los orígenes y los desenlaces?, ¿será posible entonces superar el vacío, comprendiendo el mecanismo que ejerce la mente para crearlo? De momento, como no tengo respuestas, sólo se me ocurre hacerme preguntas, abrir posibilidades. De este modo, al igual que fuera es adentro, y al igual que lo grande es a lo pequeño, pienso que, en las pequeñas cosas, en las cotidianas, está también nuestra oportunidad para abrirnos y realizarnos esas preguntas que nunca antes nos hicimos. Examinar la posibilidad de observar nuestro pensamiento definido, y abrirnos a cambiarlo, o más bien, a ampliarlo, a preguntarnos realmente por aquello que somos y que no solemos cultivar. A mirar de frente aquellos vacíos que nos hielan la sangre y que preferimos ignorar porque nos dejan congelados. No se trata de utilizar el ojo del pesimismo, ni el del optimismo, sino el ojo de la realidad, el del equilibrio, y para ello disponemos de una herramienta maravillosa y denostada hoy en día en aras de una evolución social, que es la intuición, pero no ésa que encontramos cuando nos descubrimos en un “ya lo sabía” o peor aún, “ya te lo dije”, no es esa intuición pequeña que no es más que una forma de casualidad mental apenas relevante, me refiero a esa “intuición primera” a esa que nos dice las verdades en nuestro interior, y a la que no solemos escuchar porque tenemos el mandato de la sociedad sonando en nuestras cabezas más alto que ella. Hay una intuición primera que nos llama, a cada uno de nosotros, por un camino abandonado, en apariencia más oscuro y que, sin embargo, está lleno de maravillosas experiencias potenciales esperando para que nosotros decidamos ponernos los pequeños zapatitos rojos de Dorothy y hagamos chocar nuestros tacones para ver, por fin, aquello que tenemos dispuesto en la oscuridad. 21:21 - 30/11/2009 - comentarios {1} - publicar comentarioEl ArteLas cosas que sé acerca del invierno se diluyen en una especie de niebla espesa y húmeda que entra por todo el cuerpo, convirtiendo mis huesos en presa fácil para el debilitamiento óseo. No llega el invierno, aunque lo espero, y por eso, quizás, o por otras cuestiones que desconozco, este año, todo lo que sé acerca del invierno, no se diluye dentro de mí, así que, deja como semilla una nostalgia del frío, que cree pertenecerme, pero que es libre, como todo lo que en mí habita. Me recuerdo paseando por las calles de Madrid, acompañada de esa extraña sensación de soledad que solamente puede sentir el viajero que se ajusta la mochila a la espalda y se decide a convertir sus decisiones en actos. Paseando sin conocer y sin ser conocida, descubriendo, perdida entre calles eternas, repletas de historia y de personas con historias, y de pensamientos que fluyen por encima de sus cabezas, o al menos, así los veo yo. Porque yo veo los pensamientos, sin ser adivina, los veo, como una sinestesia de un quinto sentido. Y eso no significa que sepa lo que piensan los otros, pero, quizás por sus miradas, por su caminar, o por esa nubecilla de colores que flota por encima de sus cabezas, los intuyo. Me gusta jugar a conocerlos, a inventarme sus vidas, o mejor dicho, sus elecciones. Porque hoy en día es fácil adivinar las elecciones siguiendo el poderoso manual de la aventura social. Poca gente se sale de la descripción de este libro. De vez en cuando, conoces a alguien, y se convierte en un milagro. Entre millones de personas, o a miles de kilómetros de ti, y entonces, la fuerza de la nube de pensamientos que llevamos encima se colorea con tintes primaverales, y comienzas a ver la vida a través de un cristal que antes ni siquiera percibías. Es la magia de la vida, de las relaciones humanas, del compartir, de amar al fin. Como Oliveira, y antes de él me preguntaba lo mismo que él “algunos dicen que eligen al amor, como si se pudiera elegir en el amor…” no cito textualmente, a pesar de las comillas… y algunos llaman amor a la necesidad, o a la costumbre, o en el mejor de los casos, a la pasión. Y encubrimos de amor el sufrimiento egoísta, o lo maquillamos con dulces palabras por el deseo de tener al otro apegado a nuestro lado como un cordero, olvidándonos que nada hay más libre que el amor, ni que nos una más que éste. Me pregunto por qué razón me resulta tan fascinante vivir. Por qué disfruto tanto de una buena conjunción de palabras, de un pensamiento excelso, de un torrente de agua, o quizás, de un chiste de un niño. Me pregunto por qué razón me puedo quedar horas mirando la hierba en el campo, o me quedo extasiada contemplando esas grandes construcciones blancas, como el edificio de El arte es para mí ese camino luminoso de baldosas amarillas por el que tengo que dirigirme si quiero conocer al Mago. Es esa ruta equilibrada, la cuerda del funambulista, el punto medio de la balanza de esta vida de dualidades y contrarios. Hoy quería homenajear al arte, y no tengo otra forma que más disfrute de hacerlo que combinando palabras. Eso sí, también las palabras son libres, así que, si queréis revolver éstas para vuestro mayor disfrute, haced con gusto de este texto el puzzle que más os convenga, eso sí, siempre y cuando le entreguéis vuestro trabajo al arte. 21:38 - 20/11/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioMecanismos de la Mente y otras esperanzas vanasBueno, pues hoy si, ración doble de blog, porque me apetece... Ver la televisión, si, eso hacía esta tarde cuando me puse a pensar. La primera cuestión, la de ver la tele, es ese acto que la mayoría de los “intelectuales” dicen no hacer y hacen, y el segundo, el de pensar, es el que la mayoría de los “intelectuales” dicen hacer y no hacen. Bien, la cuestión es que anunciaban a bombo y platillo que regalan una casa, mostrando a los beneficiarios de tan espléndido premio disfrutándola, en pleno campo, jugando al golf, con su carita de felicidad y sus proyectos familiares. Entonces pensé, ¿con qué tipo de emociones juegan este tipo de programas? Primero de todo, llaman a la envidia del espectador, al deseo de tener para sí lo que tiene otro. Hacen que se olvide de lo que tiene, para pensar en aquello de lo que carece. Después de la envidia, instantáneamente, aparece el sufrido victimismo, el espectador pensando en su pobre casita hipotecada, fustigándose a sí mismo porque no tiene la suerte de aquel que preside risueño su pantalla de televisión. Continuamos el proceso con la llegada de la codicia: “lo quiero para mí”, la cual, sutilmente, va convirtiendo en necesidad lo que se sugiere como un premio de lujo. Tras ésta, llega nuestra querida amiga esperanza, a la que llamamos en nombre de grandes proyectos y la cual, la mayoría de las veces, no es más que una buscadora mediocre de ideales absurdos. Y con esta ilusión marcamos el número de teléfono anunciado, el proveedor de nuestros sueños, al que acudimos, seguramente después de acudir a dios y no recibir respuesta en nuestras plegarias. Y son todas estas emociones las que incrementan las cuentas de aquellos que tuvieron la magnífica idea de anunciarse tras un vestido de Rey Mago en plena crisis económica. No quiero juzgar si está bien, o está mal, y creo que poco os puede importar lo que yo piense, eso sí, este artículo lo único que pretende es que observéis el mecanismo con el que actúa vuestra mente, ya que, tenemos esa extraordinaria facultad de ser observadores silenciosos de nosotros mismos, y ver así lo automáticos que resultan algunos actos de nuestra vida. ¿Es así como quieres vivir? ¿con actos automáticos? Está la posibilidad de pensar, nada más, por un segundo, y examinar detenidamente si nuestros actos están inmersos en la mecánica adquirida o si, tal vez, tan libres que nos creemos (producto este pensamiento del mecanismo que genera la democracia), si realmente lo somos o aún nos queda el paso más importante que dar, ser libres, si, pero desde nuestra conciencia, que es la más difícil de liberar. 21:50 - 18/11/2009 - comentarios {0} - publicar comentarioLa envidiaÉste es un tema muy controvertido, puesto que todos somos envidiosos, en mayor o menor medida, y a todos nos cuesta reconocerlo. Pero ¿de dónde procede la envidia? Primero de todo, procede del hecho de no aceptar que cada uno tiene su vida y su camino, es decir, si aceptásemos por completo nuestras vidas, no tendríamos que desear lo que tienen otros. Por tanto, cuando siento envidia, en primer lugar, sucede que no estoy aceptando mi situación, y si no la acepto, difícilmente podré aprender de ella. Este punto, el de la insatisfacción, procede, así mismo, de la generación de una “idea” acerca de nosotros que no se corresponde con la realidad. Generamos un “ideal” de cómo querríamos vivir, y como no vemos una correspondencia entre el ideal y lo que somos, nos sentimos insatisfechos. Pero ¿cómo creamos ese ideal? Este “modelo” a seguir, es una combinación de los ideales de todos los seres humanos, se convierte en una especie de “ideal colectivo” que bien puede ser generado en el inconsciente y que provoca un modelo común. Cuando los seres humanos dejamos a nuestra mente que genere este tipo de ideas y que se retroalimenten, generamos un modelo que se acerca, cada vez más, a los deseos insaciables de la mente y que, se separa de lo que auténticamente nos pide ser nuestro interior individualmente. El modelo actual tiene unos cánones bien definidos, tanto en su aspecto estético, como en su comportamiento social. La sociedad exige personas triunfadoras, con éxito económico, con dotes de comportamiento establecidas, con físicos establecidos, y de este modo, cada día nos queremos acercar más a este ideal, olvidándonos de lo que realmente somos que, seguramente, nada tiene que ver con el modelo impuesto. Aparece entonces aquí la comparación, que es la mejor aliada de la envidia. Primero, porque nos comparamos a nosotros mismos con el ideal, y en segundo lugar, porque nos comparamos con otras personas que están más cerca de éste. De este modo, nace la envidia. Es muy importante que aprendamos a examinar y a comprender el comportamiento de la mente, a la hora de enfrentarnos con una emoción que no nos gusta, y que nos provoca sufrimiento. Una vez que conocemos cómo funcionan nuestros pensamientos, podremos vencerlos, pero si no nos detenemos a investigar, difícilmente podremos superarlo. Aquel que dice de sí mismo que no es envidioso, quizás está ignorando este sentimiento, pero eso no implica que carezca de él, puesto que éste es un sentimiento común a toda la humanidad. Entonces nos preguntamos ¿es posible vivir sin envidia, sabiendo ya, de antemano, que la poseemos? Cuando uno quiere deshacerse de algo que tiene, lo primero que tiene que hacer es reconocer que lo tiene, y más tarde aprender a enfrentarse a ello, conocer su mecanismo. ¿De qué sirve conocer cómo funciona el mecanismo de la envidia? Sencillamente, para darnos cuenta de que nosotros no somos la envidia, sino que es nuestro pensamiento el que la genera y que, por tanto, podemos vivir sin ella. Krishnamurti y Osho dicen algo valiosísimo. Hablan de la “no violencia” como un ejercicio ilógico. ¿Cómo puedo querer la “no violencia”, si al negarla, me estoy negando a mí mismo que la tengo? Estoy así rechazando, el primer paso para poder evolucionar. Estamos ante un problema de raíz, y es que estamos ignorando algo que tenemos, por lo que así nunca podremos vencerlo. Partimos entonces del hecho de que somos envidiosos, conocemos la envidia, pero no la vamos a ignorar, sino a examinarla profundamente en nosotros. Hagamos el ejercicio de “ver” cómo se mueve dentro de nosotros. Observamos a otras personas que tienen más dinero, más inteligencia, más poder o más belleza, y vemos cuál es la sensación que surge desde nuestro interior. Es así como comprenderemos su mecanismo, y en su comprensión total está la clave para su extinción. Cuando aprendemos a aceptar nuestras vidas tal y como son, y no digo que nos conformemos con aquello que tenemos, ni mucho menos, sino que tenemos que descubrir aquello que somos realmente, y luchar con todas nuestras fuerzas para serlo, por muy difícil que nos resulte. Entonces, cuando somos aquello que nuestro interior nos llama a ser, es cuando aceptamos lo que somos, aceptamos nuestras vidas, y no tenemos que compararnos con nadie, porque cada uno tiene su camino y su misión. El único ideal que he de tener soy yo mismo, alcanzarme y ser. Hoy en día, la sociedad basa su enriquecimiento en la envidia, en tener aquello que tiene el otro. Mi vecino se compra una casa, y yo quiero tener una igual o mejor. Mi vecino se compra un coche, y yo quiero tener uno igual o mejor… y así sucesivamente. Y más dañina aún se hace la envidia cuando roza las emociones personales. Cuando uno quiere a las personas que tienen los otros, quiere hijos porque los tienen los demás, quiere una pareja porque la tienen los demás… porque aquí estamos entrando a utilizar a las personas por egoísmo, en nuestro beneficio personal, alimentando a nuestro ego de forma espantosamente terrible. Como todas las emociones, la envidia también vivie en ese lago común y se alimenta de él. Por eso, el trabajo de cada uno, consigue que ese lago tenga algo menos de capacidad y que, entre todos, podamos algún día conseguir una sociedad que no tenga como argumento principal en sus movimientos esa envidia que ahora nos mueve. 19:58 - 18/11/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioDe Inconscientes Colectivos y otras cuestiones...
Carl Jung acuñó este concepto para explicar esa especie de “suma de las partes” de los inconscientes individuales de toda la humanidad, formando un único inconsciente, total y profundo, como un lago enorme donde fluyen nuestras emociones ocultas, aquello que queda en un “olvido” y que, sin embargo, es absolutamente importante y también motor de nuestros actos. Muchas veces pienso en este concepto, mientras observo el motor general de la sociedad. Cada uno de nosotros somos todo aquello que hemos sido, e incluso, somos también aquello que fueron nuestros antepasados. Somos una suma de infinitas circunstancias, actos, herencias genéticas y comportamientos de otros. Es decir, estamos totalmente comunicados, los presentes y también los pasados, y lo estamos también con los futuros. La interrelación humana es evidente. Sin embargo, muchas veces actuamos como si nuestros actos no influyeran en absoluto. Por eso actuamos sin meditar nuestros actos, sin pensar si quiera un poquito en las cuestiones más esenciales de nuestro comportamiento. Investigamos sobre ciencia, tecnología, historia… pero no nos investigamos a nosotros, tan importantes que somos, para uno mismo como para el resto de la humanidad. No sabemos de dónde procede nuestro carácter, nuestras iras, nuestros miedos, nuestra furia… simplemente las aceptamos “inconscientemente”. Y el hecho de no meditar sobre todas estas cuestiones, hace que no seamos capaces de superarlas y que, con ellas, alimentemos ese “lago común”, ese inconsciente colectivo en el que reposan las emociones de todos los seres humanos. La meditación en nuestros actos, en nuestros sentimientos, en aquello que pensamos, desde la capacidad que tenemos por ser humanos, pudiendo “observarnos” a nosotros mismos, no la solemos utilizar. Así crece y crece el lago inconsciente en una dirección que, a pesar de encontrarla ilógica, de que no nos satisface en absoluto y que, además, nos mantiene perdidos, no somos capaces de modificar. La motivación inconsciente de cada individuo de hoy, está fundamentalmente motorizada por el interés material, por evolucionar en la “estabilidad”, mejorar nuestra posición económica y social. La suma de todos estos inconscientes, genera, lo que Tomberg llamó “Egregor”, que sería una especie de inconsciente colectivo que actúa como motor del mundo, con una visión insaciable, con un deseo infinito de conseguir más y más riqueza, explotando la condición humana por un motivo desconocido. ¿Por qué las grandes empresas quieren obtener esos beneficios tan descomunales? ¿Quién sale beneficiado de estas prácticas? ¿A quién realmente le importan los miles de millones de euros de beneficio anuales que promueven? Cada individuo que participa de una gran empresa se mueve por su beneficio individual, por conseguir gratificaciones, por ascender, sin embargo, ese bien individual, como todo en el universo, está interrelacionado, y se conecta directamente con un interés común, que es el de ese inconsciente colectivo negativo, ese Egregor acumulador de poder y riquezas. Los 6.000 millones de euros de beneficio de una empresa, esa cifra, únicamente satisfacen al Egregor, porque, a cada uno de nosotros, como individuo, no nos produce más que una mínima sensación de satisfacción que viene dada por la retribución económica que produce en nosotros. Por todo esto es por lo que creo tanto en la importancia de nuestra “consciencia”, de regenerarla, de meditar sobre ella y encauzarla en nuestra propia dirección, no en la dirección del alimento del Egregor, sino en la de cada uno, la que llevamos impresa en nuestra esencia más profunda, la que nos convierte en seres humanos y divinos a la vez. Sabemos que, al estar todo interrelacionado, al ser nuestro inconsciente parte de un lago común que nos dirige como humanidad, nuestro cambio de conciencia estará, también, cambiando la conciencia común y estará, por tanto, dirigiéndonos hacia un mejor camino a todos nosotros. No podemos utilizar todo nuestro tiempo en las cuestiones que nos rodean, olvidándonos de la importancia de meditar en nuestros actos, de enfrentarnos a nuestras emociones, de examinarlas profundamente, sin esquivarlas, para poder mejorar como personas. La importancia del trabajo individual es mucho mayor de lo que creemos. Cambiar uno mismo es cambiar el mundo entero. Comprarse un par de ojos nuevos es la mejor inversión que podemos hacer, no sólo para uno mismo, sino también para el total de la humanidad. De nada sirve tratar de cambiar el mundo con nuevos órdenes mundiales si nuestras conciencias están totalmente desordenadas. El origen del cambio está en una semilla profunda en nuestra intimidad. Estamos en el siglo veintiuno, y las revoluciones ya no llevan un fúsil en el brazo, ni una guillotina para cortar cabezas, sino que ahora tenemos una misión mucho más importante, ser cada uno de nosotros aquello a lo que está llamado a ser. Igual que las abejas, cada una con su función, consiguen mantener la colmena, el hombre tiene una misión interna que cumplir, para consigo mismo y para con toda la humanidad. Escucharnos implica comprendernos, y así poder realizar las tareas que, como animales humanos, llevamos impresas dentro de nosotros. Todos los sistemas de organización, por mucho que los perfeccionemos, seguirán fallando mientras no analicemos la importancia que en ellos ejercen la avaricia, el egoísmo, los miedos y otras muchas emociones como éstas. Entremos a analizarnos, a conocernos, a mejorarnos, cada uno de nosotros, todos y cada uno de nosotros, y de este modo, haciendo cada uno aquello que está llamado a hacer, trabajando en su interior para alejar de sí las emociones que enturbian su evolución, podremos entonces encontrar el camino de la humanidad. 17:31 - 14/11/2009 - comentarios {0} - publicar comentarioLa Belleza de la DecepciónBueno, pues hoy estaba tratando de explicar en el blog algo sobre la transformación de la decepción en belleza, en cómo las personas nos decepcionan constantemnte porque tenemos expectativas de ellos que no se cumplen y que, ni siquiera tienen por qué cumplirse, porque los demás no tienen que ser como nosotros queramos, sino como ellos son. Entonces surgió esta parte del libro que estoy escribiendo y que se llama "Eludimus". Espero que os sirva de entendimiento:
- ¿Sabe que su dolor no es amor, Alejandra? - ¿A qué se refiere? - ¿Por qué pensar en los muertos con dolor por lo que no nos dieron? Las personas dan aquello que tienen que dar, aquello que están dispuestos a ofrecer. Un peral no puede dar manzanas, señora mía, uno ha de ser capaz de ser artista también en sus sentimientos, en su encuentro con las personas que se muestran en nuestras vidas. - ¿Qué quiere decir con ser artista en los sentimientos? - ¡Ay querida! ¡Que tengo que explicarle todo como a una niña! – dijo en un tono burlón que, ahora que lo conocía, a ella le resultó más agradable y cercano de lo que al principio hubiera podido percibir - ¿Qué es un artista para usted? - El que hace arte… supongo… - ¡Bravo, bravo! ¡Qué admirable respuesta! – dijo él con un ánimo de hacerle sonreír que tuvo su efecto positivo - ¿Y qué es el arte, entonces? En la definición no debe ir la palabra definida… recuerde… - Pero, el arte no tiene definición, lo que para uno es artístico, puede que para otro no lo sea. - Bueno, bueno, bueno…, no vamos a entrar en relativismo absurdoe a estas alturas. Si nos derivamos tanto nunca llegaremos a puerto… - mientras hablaba, utilizaba el lenguaje no verbal tocando su brazo suavemente, en un acto de confianza que a ella le proporcionaba la alegría suficiente como para salir de la nostalgia, cuestión que Nicolás perseguía eficientemente con sus inteligentes movimientos – el arte, querida, no es más que la expresión de la belleza creada por el hombre, buscando la forma más excelsa de endulzar la admiración de otros, o quizás de uno mismo. No le hablo de definiciones de libros de historia, no, le hablo del arte como sentimiento propio, ese rayo interior con más fuerza que cien mil caballos espartanos, que te lleva a querer crear algo hermoso para simple disfrute, por el placer de disfrutar la belleza. ¿No se puede acaso poner ese impulso en cualquier cuestión cotidiana de la vida?, ¿no se puede acaso ser un artista de la fontanería, de la hostelería o de cualquier profesión?, ¿no se puede acaso ser artista de las relaciones humanas buscando la belleza de la comunicación, extrayendo la esencia excelsa de cada uno, haciéndoles florecer a aquellos que nos acompañan en esta travesía humana? ¿Me entiende ahora, señora? Alejandra asintió mientras trataba de asimilar aquella información nueva que, como tantas otras palabras del viejo, a pesar de no haber sido siquiera mínimamente meditadas por ella en ocasión alguna, le resultaban en un punto cotidianas, quizás por la universalidad de su origen, porque todos tenemos esas preguntas dentro, aunque no nos las hagamos nunca conscientemente. - ¡Hagamos, pues, arte con los muertos! Extraer la belleza esencial de aquello que nos dieron mientras compartían su vida con nosotros. ¡Haga arte, señora, no se me haga constructora de victimismo! ¡Construya belleza! - Pero eso que me está diciendo, Nicolás, es que me quede sólo con lo bueno y no mire lo malo… no me cuadra con su discurso… - ¡No, no, no! ¡Por dios, no! ¡No entendió nada! – nuevamente expresó su enojo ante la incomprensión de ella – La belleza no está sólo en los besos, o en las palabras de cariño, o en los regalos de navidad. ¡Ni mucho menos, señora mía, ni mucho menos! ¿Es que nunca sintió la belleza de ver la miseria moral del otro? – a medida que caminaban iban saliendo de la muchedumbre, mientras la voz de Nicolás continuaba en el mismo tono que antes, lo que le hacía ser objeto de las miradas de los transeúntes – Alejandra, querida, la belleza está escondida en todas partes; está en el simple hecho de observar sin convertir en disputa un acto perverso, o en comprobar la forma en la que evolucionamos ante una adversidad. Está en la pobreza de espíritu, esperando a ser descubierta para iluminar al miserable ser que la esconde, en los monos, que actúan como hombres y viceversa esperando ser aquello que no son, está en la debilidad humana que se desprende por el abismo de los vicios, añorando ser descubierta y transformada en esa sensibilidad profunda y eterna que vive en todos los adictos a cualquier droga, incluida la del mal llamado amor. Querida mía, señora mía, ¿no se da cuenta usted de la belleza de haber tenido un padre como el suyo, haya sido ausente, o presente, soberbio o humilde? En su presencia usted bebió de él, de sus errores y sus aciertos, siendo hoy lo que es, a través de él. Encuentre la belleza de lo que le dio. No se quede con lo bueno, o con lo malo, con las caricias o con los enojos, no, señora, no, ellos no son más que las balanzas impidiéndole encontrar el equilibrio. Observe a aquellos que viven añorando a los muertos, recordando solamente las maravillas que vivieron con ellos, son muertos también que viven de un recuerdo, de una imagen que alimentan para poder mantener despierta a su propia irrealidad. Quédese con la belleza, Alejandra, ésa no muere.
19:16 - 9/11/2009 - comentarios {5} - publicar comentario¿Por qué Revolución de Consciencia?Cambié ligeramente el título del blog, porque me “di cuenta”. ¿Por qué Creo que ya he contado aquí alguna vez un hecho de mi infancia que recuerdo a menudo. Mi padre haciendo planos en la mesa del salón, se coloca el lápiz encima de la oreja y se fuma un cigarro, y cuando vuelve a buscar el lápiz no lo encuentra. Yo me río muchísimo con esa situación y le digo: “!Pero qué tonto! ¡Si lo tienes encima de la oreja!” Y entonces yo sentía también que todas las respuestas estaban igual que el lápiz de mi padre, justamente detrás de mi oreja, y que yo también era una tonta que no me daba cuenta de eso. Me recuerdo caminando por el paseo de San Roque, después del colegio, pensando en estas cosas… Por eso digo “Consciencia”, porque implica ese “darse cuenta”, que es tan sólo un segundo, que supone un instante, que cambia el mundo, porque te cambia a ti, te cambia los ojos y ya no te hacen falta gafas porque… en realidad, nunca las necesitaste. 17:36 - 6/11/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioCambalacheBueno, pues finalmente me decidí a publicarme a mí misma... esas cuestiones de la vida que se realizan más como actos "psicomágicos" al estilo Jodorowsky que como necesidades básicas. Aquí está el link para los que queráis comprarlo, o bajarlo en ebook, que nos vamos también adaptando al futuro.
Besos a todos
21:30 - 25/10/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioVoltaire
21:24 - 19/10/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioLa Individualidad y la TotalidadMientras daba un paseo por el parque he observado a la gente. Me daba cuenta lo sencillo que es juzgar gratuitamente a los demás. Miraba pasar a familias, parejas, solitarios, niños… y el primer pensamiento que me venía a la cabeza era “Parecen vivir como autómatas”. Emití mi juicio, un juicio parcial, sesgado, injusto, casi indecente. Fue inmediato, así que, lo asocié a todas esas sentencias que vienen a mi mente por pura aceptación de ciertas normas estipuladas, vengan de donde vengan. ¿Acaso existe una forma ideal de vivir? Después me encuentro con una pareja conocida que acaba de tener un bebé, y me cuentan que ya están pensando en tener un segundo hijo, porque si le dejas pasar tiempo, después no quieres, te acostumbras… etc. Pienso nuevamente “Me dicen todo lo estipulado, aquellas frases que he oído tantas veces”, y nuevamente soy consciente de que he emitido un juicio, otra vez. Pero, ¿ese juicio es pura observación o es una visión parcial de la realidad? ¿hasta qué punto podemos planear nuestras vidas? ¿Por qué tildo estas frases como estipuladas? ¿quién soy yo para decidir cómo deben vivir los demás?
Entonces voy atrás, al entendimiento que tengo de la vida. La vida, por su propia constitución, no entiende de planes, es libre, ligera de equipaje, se mueve en su propia forma, acompañada de la forma que nosotros queremos darle. Se deja moldear como un trozo de barro. Pero, para que el barro se transforme en una obra de arte hemos de acordar con ella los términos, respetar sus reglas. La vida nos dice que los planes no son para ella, y cuando los hacemos, muchas veces se ven intermediados por sus propios designios. Todos hacemos planes, nos formulamos las cuestiones que vienen impuestas: ¿cuándo tener hijos? ¿de qué forma? ¿cuántos vamos a tener? Y mientras, vivimos ajenos a la vida, en una extraña paradoja que nos mueve a su antojo y con la que no contamos para vivir. No contamos con la vida para vivir, y eso, nos produce ese sueño en el que estamos dormidos. Pero, todo esto, es simplemente lo que yo pienso, mi forma de vivir, no la de los demás. Entonces, vuelvo a la pregunta ¿emití un juicio injusto? Si, cada uno tiene su forma de entender la vida, pero creo, que existe algo común a todo, una universalidad, como ya decían los griegos, los vedas, y tantos "Hermes" que dedicaron su vida a la filosofía. Existe algo común a todos, todos somos humanos, todos tenemos conciencia, eso es justamente lo que nos distingue del resto de los animales, y eso es lo que me lleva a pensar que ha de haber ciertas normas comunes al total de la humanidad que nos hagan evolucionar, una vez más, como ya lo hicimos antes, cuando apareció la conciencia en nuestra existencia. Si olvidamos esas “leyes de la vida”, si vivimos como si fuéramos eternos, ignorando las cuestiones vitales del “logos”, del “tao”, del “rit”, o como queramos llamar a aquella esencia común universal, seguiremos viviendo en una maraña de pensamientos, de ideas, de irrealidades, al fin, de las que no podemos salir. Por eso creo tan importante descubrirle esa esencia vital a nuestras vidas, entender el sentido de nuestro ser más profundo, descubrir esa identidad común y vivir conforme a ella, y no sólo conforme a nuestros deseos individuales. Por eso creo en la revolución interior, la revolución de conciencia que hemos de hacer cada uno para, después, poder dirigirnos al mundo desde un lugar verdaderamente humano. 14:51 - 18/10/2009 - comentarios {0} - publicar comentarioRenés, Renecitos y Descartes
Tengo una carpeta en el portátil a la que llamo Renés. Cuando escribo siento que las cosas tienen que salir del alma, o de más allá del alma, de algo indescriptible, de un lugar en el que nace una daga afilada, luminosa, divina, inmensa y eterna que te atraviesa de par en par y te fulmina. Cuando escribo, si mis palabras no nacen de aquella nación sin nombre, no me sirven, no me sacian, pero igualmente escribo, buscando a aquellas que habitan aquel lugar infinito que conozco sólo en el interminable tesón de mi esfuerzo natural. Entonces las descarto, las excluyo del exquisito club al que solamente pertenecen las otras, las indígenas del Tao. Y aún así, no puedo deshacerme de ellas, ¡son palabras!, no puedo deshacerme de ellas… así que, las reúno en una carpeta de “descartes”, se convierten en Renés para sobrevivir. Otras, son breves, son caricias, son debilidades de la tarde o del anochecer, y se visten de Renecitos que vagabundean por el pc con la sutil destreza de existir. Existe otra raza de indecisos que, por su timidez no se atreven a salir aún de mis dedos, todavía no han nacido, pero saben que, si se deciden temerosas a ver la luz de mi Word, serían Descartes. Por eso prefieren vivir en el olvido de ninguna parte, en un limbo divino de esperanza eterna. Todas ellas, Renés, Renecitos y Descartes, son la placenta de mis hijas, las palabras indígenas del Tao, las excelsas, las elegidas. Sin las otras, éstas no vivirían. Como siempre, alguien tiene que morir en detrimento de la ascensión de otros. Así es el cosmos, así se viste de jerarquías, así el pez grande se come al chico. Mis queridas niñas, mis palabras descartadas, a vosotras también, también a vosotras os amo. 22:12 - 14/10/2009 - comentarios {4} - publicar comentarioEl tamaño de la FilosofíaSí, son las cuestiones esenciales de la vida, esas, las que más pasan desapercibidas… Ante la crisis económica aparecen los recortes presupuestarios, y son justamente la ciencia y la cultura las que más desfavorecidas salen. “En tiempos de crisis – dicen los políticos de pie de calle- lo que hay que hacer es dejarse de culturas y cosas de esas, que hay que comer”. Y yo me pregunto, ¿es éste un paso hacia el alimento del animal? Quizás –me planteo, ignorante de mí- si no hay trabajo, si no se crean empresas, ¿no habría que facilitar la iniciativa personal, la creatividad, la investigación? ¿no habría que incentivar la creación de nuevas empresas y dejarse ya de esta construcción tan escasa de imaginación? ¿acaso no será mejor alimentar la cultura de las personas, su creatividad, para que inicien nuevos proyectos? “ No” – dijo el catedrático de corral. Mientras escribo esto, me resulta todo tan obvio que no merecería siquiera escribirlo, porque pienso que cualquier lógica humana lo entiende. Pero no es así, al parecer. Al parecer, no es importante descubrir quiénes somos, investigar nuestros orígenes, el sentido de nuestras vidas, la esencia del ser humano, nuestro motivo de existir… al parecer, es más cómodo ser oveja dormida que pastor despierto. Ayer ví Ágora, la archifamosa y plurianunciada peli de Amenábar, y lloré profundamente viendo a Hypatia, a la cual, tengo que decir, no conocía. Una mujer a la que su esencia vital le invitaba a tener un pensamiento propio, a buscar preguntas, a encontrar respuestas, a alimentarse de esos libros tan exquisitos a los que cuidaba con esmero. En realidad, no sé si Hypatia era como la describe Amenábar, y tampoco me importa, no voy a entrar en disputas históricas, y menos sin conocerlas. Simplemente, el personaje, la sensibilidad expresada en cada poro de su piel, la delicadeza sublime de la importancia de las sutilezas, la exquisitez del encuentro con el milagro de la sabiduría… todo eso me hizo llorar, y llorar, y llorar profundamente como hacía tiempo que no lo hacía en el cine. Lloraba mientras unos bárbaros destrozaban una hermosa biblioteca creada con el intenso trabajo milenario de aquellos que buscaron respuestas al ser humano bajo un criterio propio. Lloraba, y lloro por aquel trabajo perdido en el infinito de alguna parte, desagradecido, violado, insuperablemente traspasado por la daga de los tiempos, y de los intiempos bárbaros que nos habitaron y aún habitan. Hypatia hermosa, sencilla, fuerte, creyente de sí misma… sobre todo eso… creyente de sí misma… de 20:47 - 13/10/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioFauna UrbanaLos Contadores, Los Contrariadores y los Sufridos Escuchadores Hace poco una amiga me contó que había leído algo curioso. En una conversación entre dos personas, la media que tarda el interlocutor en hablar de sí mismo es de veinte segundos. Es decir, no escuchamos. Escuchar implica hacer el esfuerzo de olvidarte de ti mismo por unos instantes y tratar de ponerte en el lugar del otro… ¿Habéis conocido alguna vez a alguien que sea capaz de hacer eso? Los pocos que se conocen se llaman “escuchadores”. La gente les acosa, hacen cola a su puerta para poder ir a contarles su vida, les angustian y acaban por convertirlos en seres ermitaños, que se alejan de la sociedad para no ser perseguidos por la plaga de “contadores de sus vidas” que inundan las ciudades. Cuando el pobre “escuchador” trata de contar algo acerca de sí mismo, antes de terminar sus frases ya tiene a su interlocutor elaborando lo próximo que va a incluir en la “conversación” y que, por supuesto, es un ejemplo de su propia vida, lo que le da pie a continuar hablando de sí mismo y olvidando el problema del “escuchador”. Después hay otro tipo de “contadores” que son aquellos que te llevan la contraria por defecto, es decir, los “contrariadores”. Hablo con muchas personas al cabo del día por mi profesión, y muchas de ellas tienen la costumbre de comenzar sus respuestas con un “No, lo que te digo es que…”, aunque, efectivamente, estén diciendo lo mismo que les he dicho yo. A éstos, la búsqueda del enfrentamiento les divierte. A mí me divierte ver una buena peli en el cine, o un espectáculo de Pepe Rubianes, o de Les Luthiers, pero el enfrentamiento por deporte… en fin, que para eso es mejor ver un partido de tenis ¿no? A toda esta plaga de contadores les importa un cero por cierto cualquier cosa que no sea sus propias vidas y las de los más íntimos que les rodean. En todo caso, también les interesan las de los demás por pura comparación con las suyas propias. Suelen tener, entre sus múltiples virtudes, la de la envidia. Por este motivo, si les estás contando algo íntimo, y dejas caer en la conversación que te compraste una televisión de plasma, el elemento que más interesante les resultará de la misma, será éste último, aunque más atrás les hayas hablado de tus dificultades para enfrentarte al diagnóstico de tus problemas coronarios, y sin dudarlo, se acercarán al Carrefour más cercano para adquirir la nueva tecnología. Es así, vivimos en una sociedad egoísta, egocéntrica, envidiosa y contadora. Todos criticamos (mírenme a mí), le sacamos punta incluso al lápiz más afilado. Nos olvidamos de la poesía de los textos, del arte de las películas, de la musicalidad de las canciones… y criticamos el arte con una absurda mirada todopoderosa, destructiva e ignorante que nos acerca más al mono del que venimos que a la categoría de personas que, por suerte, unos cuantos han llegado a ser. Hoy en día todo el mundo pinta, todo el mundo escribe, todo el mundo sabe de economía y puede arreglar el país de un plumazo, todos somos médicos… pero, como siempre ha sucedido a lo largo de la humanidad, sólo unos pocos saben hacerlo de verdad, lástima que muchos de ellos queden en la sombra. (Dedicado a los artistas valiosos que conozco, escuchadores maravillosos que son como joyas exquisitas en campos de estiércol). 19:44 - 12/10/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioUn toque de humor...http://www.youtube.com/watch?v=ESssilFMAgE&feature=fvw http://www.youtube.com/watch?v=7GYtY9FPwDU&feature=channel 20:53 - 10/10/2009 - comentarios {0} - publicar comentarioDándole un descanso a la mente revolucionaria....Linda abejita curiosa Bssss… me decía juguetona, saltando a mi alrededor, borracha de placer entre las plantas, convirtiendo un día cualquiera en el día más feliz de su brevísima existencia. Bsss… cantaba la abejita haciendo círculos incomprensibles… contenta, fascinada, ilusionada por el segundo eterno, viviendo el presente, despertando a las flores de mi jardín, enturbiando un silencio prácticamente infinito. Recogía su néctar con la compostura imperturbable que sólo proporciona la locura transitoria. Parecía decidida a comerse el mundo. Bsss… me cantaba de nuevo, de vuelta al viaje de la humanidad concentrado en la única persona del jardín… “Bsss…” le contesté yo… “Linda abejita, cuéntame tus secretos, ¿por qué estás tan contenta esta mañana?”… Bsss… la seguí a donde quiso, corrí tras ella por los límites del jardín y más allá, dibujé con ella los círculos inconclusos que comenzaba a cada segundo, reímos juntas a carcajadas sin pensar en el mañana, como si ninguna preocupación existiera… Bsss…bss…bs…b… paró en su planta favorita, extrajo el néctar exquisito… una vez más, y la sonrisa que llevaba dibujada en mis labios durante todo el camino, se convirtió en cómplice de su secreto. Sí, hermosa abejita que extraes la esencia del cáliz de María… guardaré silencio contigo… pero déjame probar a mí también… 19:44 - 6/10/2009 - comentarios {1} - publicar comentarioYo no podría expresarlo mejor...“Las revoluciones políticas, económicas o sociales tampoco son la respuesta, porque han producido tiranías espantosas o la mera transferencia de poder y autoridad a manos de un grupo diferente. Tales revoluciones jamás son la salida para nuestra confusión y para el conflicto en que vivimos. Pero hay una revolución que es por completo diferente y tiene que ocurrir si hemos de emerger de la inacabable serie de ansiedades, conflictos y frustraciones en que estamos atrapados. Esta revolución tiene que comenzar, no con teorías e ideaciones que, a la larga, demuestran ser inútiles, sino con una transformación radical en la mente misma. Una transformación así sólo puede tener lugar mediante una educación correcta y el desarrollo total del ser humano. Es una revolución que ha de ocurrir en la totalidad de la mente, no sólo en el pensamiento.” 19:28 - 5/10/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioEl hombre MonoHay quien dice que Darwin se equivocó en su Teoría de la Evolución en el sentido inverso, es decir, que en realidad el mono viene del hombre, como fabulosamente quedó representado en la sensacional “El Planeta de los Simios”, y no al revés. En muchos casos, la similitud es tan grande que no se podría asegurar quién es el huevo y quién la gallina. En otros casos, como dice mi querido y amado José, las inteligencias más excelsas de los hombres más cultos nos hacen recordar hasta dónde ha sido capaz de llegar el mono. En definitiva, que las cualidades homínidas del mono, así como las cualidades animales del hombre son tan paralelamente parejas, que no habría forma de justificar la negligencia de Darwin así como tampoco sería posible subirlo a los altares de la ciencia por su descubrimiento, a estas alturas de la evolución, en la que todavía queda un lugar para la duda. Aquellos que piensen que estoy loca por dudar, no tienen más que acercarse a cualquier lugar en el que se concentren más de veinte personas y examinen sus comportamientos. (Véase, el Parlamento) Después de observar al hombre ¿Podemos asegurar que realmente no es el mono la degeneración de nuestra especie.? 21:57 - 1/10/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioLa educación Religiosahttp://www.elpais.com/articulo/sociedad/Clase/Religion/nada/elpepusoc/20090930elpepisoc_1/Tes Hoy me ha llamado la atención este artículo. Trata, como veis, de las discrepancias pedagógicas surgidas por el tema de la religión. Como siempre, aquí trataremos de pensar, sin prejuzgar, si es posible, buscando la idea no preconcebida o infectada por el paso de los años y la historia, y que otorgue un equilibrio, al menos, en la mente. Para resolver esta cuestión, lo primero que me planteo es: ¿qué es lo que yo más valoro del individuo? En mi opinión, las preguntas esenciales del hombre son las existenciales. Lo primero que debemos “comprender” es el origen y el motivo de nuestra existencia, o al menos, eso es lo que buscamos constantemente. En esta búsqueda, cada uno encuentra un recodo en el que descansar o encontrar respuestas. Muchas personas encuentran su respuesta en la Religión. Por este motivo, quieren que sus hijos se eduquen igual que ellos. Pero, las respuestas que proceden de la Religión ¿son respuestas que nacen del individuo? No. La Religión responde a través de sus normas impuestas, supuestamente, por un “enviado”. La cuestión de la Religión consiste en “creer” que los humanos que nos han transmitido dicho legado, eran sinceros, así como aquel que envió la información, y también que, a lo largo de todos los años no se ha desvirtuado por completo la historia recibida. Por tanto, es todo cuestión de fe. Y sobre todo, es cuestión de recibir externamente la creencia. Yo creo, por el contrario, que las creencias deben nacer del individuo, de su esencia, de su base humana, y que, por tanto, lo que es más esencial, es enseñar al individuo a buscar sus propias respuestas, no crearle un castillo heredado con todas las respuestas dadas, no darle el pez, sino darle la caña de pescar. Por todo esto, considero que la materia que se debería impartir como alternativa a aquellos que, obviamente en su derecho, imparten la Religión, sería una materia en la que se les enseñe a pensar como individuos, para que adquieran sus propios criterios, enseñarles a buscar las respuestas en su mente, a utilizar más ese cerebro que tenemos a bajo o muy bajo gas, constantemente bombardeado por afirmaciones que aceptamos instantáneamente como ciertas como si se tratara de un computador. Hemos de “reformatearnos” para aprender a discernir como seres humanos. De este modo, los padres de los niños que estudian Religión, no se verían heridos en desigualdad, puesto que, ellos han optado por enseñarles a sus hijos algo que procede de fuera y que aceptan como cierto, y en su derecho están e incluso pueden estar en la razón. Pero, aquellos padres que opten porque sus hijos adquieran su propio conocimiento, eduquen su mente para que se realicen y se respondan las preguntas sobre su existencia y su origen, tienen también todo su derecho a estar contemplados en la enseñanza escolar. Creo que es hora de que comencemos a enseñar a nuestros hijos la importancia de encontrarse a sí mismos, de buscar sus propias respuestas, de enseñarles a pensar, a hacerse preguntas, a no aceptar todo como cierto. Es hora de que cada uno haga lo que sienta su auténtico ser, su intuición más profunda, y deje de comportarse como le pide la masa o en comparación con sus vecinos. Es hora de utilizar ese 90% de la mente que tenemos en desuso. Puede ser el siglo XXI una oportunidad de oro para hacerlo, y seguro que nos ayudaría en gran parte a resolver estas crisis. 18:01 - 30/09/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioLa Clase Política EspañolaHace tiempo que vengo decidiendo interiormente que es mejor estar “a favor” de algo, que “en contra” de todo, sin embargo, se producen hechos en la vida diaria, y sobre todo, últimamente, en la política, que no podemos dejar pasar desapercibidos sin posicionarnos frente a ellos. Cuando veo las noticias y la actuación de nuestros políticos, pienso en la idea que los filósofos griegos tenían acerca de este tema. Por ejemplo, Platón hablaba de la Sofocracia como mejor forma de Gobierno, es decir, que aquellos más preparados, tanto cultural, como ética y moralmente, son los que deben dirigir los destinos de las naciones. ¡Cuán lejos quedan estas teorías de la política española del siglo XXI!... Leo en el periódico esta mañana la frase que ayer Cristóbal Montoro pronunció en un mitin en Andalucía: “!Pedazo de inútiles, estáis arruinando España!”, o sea, un dechado de virtud, elegancia, respeto y sobre todo, aporte en positivo para la solución de los problemas actuales. Y no quiero, con esto, resultar partidista, puesto que, ni es el caso, ni es la intención, incluyo a todas las partes en este “bote de vergüenza” en el que vivimos los españoles, ya que, mi ideología política, se siente libre de agrupaciones y más fluye con las circunstancias de cada instante concreto. Me preocupa, si cabe, aún más que la actitud de nuestros políticos, la desidia de los ciudadanos aceptando esta situación sin exigirles a sus gobernantes lo que nos corresponde por derecho ético. Tan responsables son ellos de sus actos, de sus obligaciones, como nosotros de las nuestras. Nuestra obligación, como ciudadanos, es la de exigir que aquellos en los que hemos depositado nuestra confianza con nuestro voto, nos muestren algo de respeto y se preocupen, de una vez por todas, de lo que se tienen que preocupar, que es de mejorar este país, y dejar ya los insultos, las mezclas de comportamiento soez y soberbio con la burla más patética y destructiva. Pero, al fin y al cabo, la irresponsabilidad en el ejercicio de nuestro voto, nos lleva a las consecuencias de la irresponsabilidad de nuestros gobernantes. Creo que una democracia sólida, debería tomarse mucho más en serio el hecho de acudir a las urnas, realizar una profunda formación de los ciudadanos, o al menos, recibir unas dosis de política, para saber cada uno aquello a lo que presta su voto, sin acudir al tradicional color familiar, o bien la formación que mejor quede con el traje de los domingos. Votar a nuestros gobernantes es algo muy serio, y va mucho más allá de que, por el hecho de sentirnos muy progres votemos al PSOE o por jugar al pádel en la Moraleja tengamos que votar al PP. Si nos falta responsabilidad a nosotros, si votamos sin conocer las propuestas políticas, los proyectos, las formas de actuar de cada uno, no podemos sorprendernos de que el resultado de nuestra desidia, engendre el hijo desgraciado que son nuestros políticos de hoy. Por eso, lo que quiero pedir aquí, es que, por supuesto, exijamos política de altura y no la política de cloaca que estamos sufriendo, pero, en compensación, como individuos sociales y políticos que somos por el hecho de ser humanos, nos tomemos también tan en serio como merece nuestras obligaciones de voto, reflexionemos un poco a nivel individual, y crezcamos en nuestra cultura política para así poder reclamar con algo de fundamento, y mejorar la conciencia social de todo el país. Que la política cambie, no es sólo cosa de unos pocos. 18:00 - 28/09/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioLa emigración españolaAbro La emigración española es un fenómeno histórico de larga duración que comienza en la Edad Moderna, aunque tiene precedentes muy antiguos y al que se puede considerar como continuación del proceso repoblador peninsular de dirección norte sur que fue siguiendo a la Reconquista en la Edad Media. Ya en el siglo XX, varió sus destinos principales de América a Europa, deteniéndose como consecuencia de la crisis de 1973, sin volverse a dar posteriormente cifras semejantes, dado el auge económico que siguió a la entrada en Obviamente, el motor principal de este fenómeno, es la situación económica de nuestro país. Este movimiento humano se incrementa en épocas de crisis o revueltas políticas. España, por desgracia, ha sabido, durante el siglo XX, mucho de ambas cosas. Por eso mismo, últimamente ha vivido una intensa tendencia a esta situación. Hasta aquí, creo, todos estamos de acuerdo. En los últimos tiempos nos hemos unido al resto de Europa en el espacio Schengen, es decir, la libertad de fronteras dentro de los países europeos firmantes, y la “regulación” de fronteras para el resto de países. Se trata, en teoría, de reducir la inmigración ilegal, y en la práctica, de incentivarla. Si nos remontamos allá por el siglo XV, cuando Cristóbal Colón y sus amigos determinaron conquistar el Nuevo Mundo, habrá quien sienta aquel hecho tan lejano, (o quizás, si se ha educado en los nuevos sistemas educativos españoles, es posible que ni siquiera conozca quién era ese individuo) que nos cueste trabajo comprender por qué hablo de una historia tan remota para hablar del fenómeno de la inmigración. Bien, vamos a explicarlo en pequeño, más comprensible. Nos imaginamos que España es un pueblo, que se llama Muñogrande. Este pueblo se decide, por primera vez, a salir más allá de las fronteras de su bosque y ver qué hay más allá de lo conocido hasta la fecha. Después de meses caminando y pasando penurias, encuentran un pueblo muy distinto al suyo, cuyos habitantes, en lugar de casas, tienen chozas, y hablan un lenguaje para ellos incomprensible. Deciden llamarlo Muñochico. En Muñochico ni siquiera han oído hablar de Jesucristo, y los de Muñogrande, que alardean de abanderarse en nombre de esta gran persona, se erigen como sus enviados y deciden imponer su religión por la fuerza a los habitantes de Muñochico, así como su lengua y sus costumbres. Además de todo esto, las riquezas de Muñochico, que son muchas y muy jugosas, comienzan a ser explotadas por Muñogrande y llevadas a sus arcas para regocijo de sus habitantes. Obviamente, sólo de los más ricos, que al fin y al cabo son los que más las van a disfrutar. Durante muchos años, Muñochico vive bajo el dominio de Muñogrande, hasta que, poco a poco, tratando de recuperar su propia identidad, van expulsando, también por la fuerza, a sus conquistadores. Una vez quedan “en libertad”, ya con el legado de varios siglos de dominio europeo a sus espaldas, Muñochico trata de sobrevivir como puede, y en algunas zonas, incluso ven un florecimiento económico. Llega el siglo XX y en Muñogrande, sumida ya en la miseria de verse reducida, por primera vez en siglos, a una pequeña porción de tierra, y con enfrentamientos internos de alto calibre, entra en guerra. Como salida, muchos habitantes deciden marchar a algunas partes de Muñochico en las que viven mejor, son más fructíferos y la vida les va bien. Allí son muy bien recibidos los habitantes de la madre patria. Les abren sus puertas y compadecen la desgracia de sus amigos. Sin embargo, unos años más tarde, Muñogrande comienza a crecer nuevamente. Construye casas por todo el pueblo, y esto consigue un florecimiento rápido de su economía. Todos los habitantes tienen trabajo, todos tienen casa, incluso, muchos de ellos tienen varias, así que, pueden vivir de la especulación y los alquileres. El crecimiento se hace tan grande que parece insolente a los ojos de Muñochico que, viviendo en la pobreza, quieren pedirle a la “madre patria” que reparta un poquito de su pan con ellos, así que, el movimiento migratorio, esta vez, se produce al revés. Los habitantes de Muñochico comienzan a llegar, cada vez más intensamente a Muñogrande, y esto es algo que a la madre patria no le convence del todo. Se pregunta “¿por qué tenemos que repartir nuestro pan con ellos?” Así que, se alían con el resto de pueblos ricos vecinos, con historias diferentes a la suya, para “regular” el tráfico que procede de Muñochico y de otros pueblos que viven en la pobreza. Deciden, entre otras cosas, que aquel que quiera venir a trabajar aquí, tiene que ser en posesión de un contrato de trabajo, y los habitantes de Muñochico se preguntan “¿cómo puedo yo encontrar trabajo en Muñogrande desde Muñochico?” Surgen entonces empresas aprovechadoras desde el pequeño pueblo para enviar, en condiciones infrahumanas a miles de personas con el único ánimo de trabajar, y otras muchas incoherencias. Algunas tales como que, aquellos habitantes de Muñochico que quieren visitar únicamente por turismo Muñogrande, han de cumplir una serie de requisitos, como traer una carta de invitación de algún habitante de Muñogrande, pasando un proceso a través de la policía que, en el mejor de los casos, dura tres meses, con la presentación de varios documentos oficiales y fotos que demuestren gráficamente la relación entre las personas. Incluso se dan ocasiones en las que llegan parientes de Muñochico a visitar a sus hijos que viven desde hace tiempo en Muñogrande, y al no llevar carta de invitación, son devueltos a su pueblo de origen, con el sufrimiento provocado por la vuelta y por la falta de visión de sus seres queridos. Muchos de los habitantes de Muñochico que viven en Muñogrande, desean legalizar su situación allí, pero no ven la forma, al no acogerse a ninguna de las situaciones que permiten sus leyes. No es tan fácil como llegar y tener un contrato de trabajo, sino que, la ley les obliga a volver a marcharse a Muñochico y esperar a que se les pida desde Muñogrande. Muchos no tienen el suficiente dinero como para hacer estos traslados, de modo que, se quedan en Muñogrande de forma ilegal, trabajando para aquellos empresarios que se lucran de su situación. Sin embargo, la multitudinaria emigración, tiene, como en todo, su parte positiva. Los inmigrantes que han conseguido quedarse de forma legal en Muñogrande, han aportado a las arcas de sus impuestos, de modo que, la situación económica estatal aumenta considerablemente. Y llega el día en que Muñogrande revienta por tanta casa construida en el pueblo. Es entonces cuando se escuchan más intensamente las voces de expulsión para los inmigrantes que antes habían recibido ya con reticencias, a pesar de saber que sus pensiones se encontraban un poquito más seguras gracias a ellos. Algunos, incluso, se quejan de que, ahora que el paro ha crecido tanto, no deberíamos pagar un subsidio a los habitantes de Muñochico, total, no se lo merecen…. Todas estas incoherencias se producen en nuestros días. La incultura y la ignorancia nos hace, cada día, un poquito más pobres de espíritu. Y sobre todo, hemos de recordar que, cuando un pueblo pasa hambre, llámese Muñogrande o Muñochico, emigra, porque busca un lugar mejor en el que poder pasar su estancia en No dejemos esto en el olvido…
20:34 - 27/09/2009 - comentarios {0} - publicar comentarioMúsica Experimentalhttp://www.reverbnation.com/jos%C3%A9mataloni#tab=comments
Bueno, después de un tiempito de vacaciones, más centrada en Cambalache http://cambalacheliterario.ning.com/ y Unkido Reiki http://unkidoreiki.ning.com/ volvemos a habilitar el blog con ganas renovadas.
Cuando uno mira hacia dentro y trata de expresarse "tal cual es", aparecen luces y sombras, como si se abriera una caja de Pandora que revoluciona el espacio. Qué hermoso es loquearse, atravesarse por un rayo de vida con las emociones, sean del tipo que sean, sentirlas, serlas... sobre todo serlas. Cuando eres el miedo que te condiciona y que te enseña, a pesar del dolor, surge la belleza. Al fin y al cabo, el miedo y el valor son dos polos de la misma pila...
Besos
Laura 17:12 - 27/07/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioAlgunas cuestiones sobre el egoA uno, preguntarle a uno, preguntarle a uno mismo: ¿quién soy? No es sencilla la respuesta, cuando existe, cuándo existe. Tengo infinitas razones para proclamarme UNO, e infinitas más para proclamarme TÚ, y no soy el tú de Julieta, que ese va con minúsculas, sino el TÚ del mundo, de éste y de otros. Sin embargo me dicen: “Destruye el ego”, pero yo me siento toda EGO, y me siento también TU EGO, y el simbolismo de otros muchos egos en otros mundos. Escucho cuando me hablan los que saben, y también cuando me hablan los ignorantes, y a veces distingo entre todas las voces, palabras de sabiduría. Otras muchas me creo sabias palabras que no lo son. Pero siempre, al final del camino, los desescucho con impaciencia para deshacer las murallas que comencé a construir mientras los escuchaba. “Escucha tu interior”, me dicen… “entonces no he de escucharte a ti”, me digo… o sí… no sé… la duda, viene y va, es bastante vespertina. Al despertarme me siento firme en lo que creo, pero a medida que avanza el día me desconduzco, me descompongo, me desencaramo de la cúspide del amanecer, me desconozco… en definitiva, y vuelvo a preguntarme nuevamente: ¿quién soy?, y mientras responde la lechuza de la noche oscura del alma, trato de ignorar su susurro, y me digo a mi misma, “no, eso no soy yo”, “¿y entonces quién eres?”, me dice de nuevo el ave nocturno, “soy un sueño”, y esa es la única respuesta de todas a la que tomo en consideración. 21:34 - 28/06/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioCambiosParece que en la vida hay que cambiar mucho para seguir siendo uno mismo... 21:28 - 28/06/2009 - comentarios {0} - publicar comentarioHoy cerré los ojos para ver el mar... pero sólo ví el Universo... !Qué lástima!
20:26 - 25/06/2009 - comentarios {3} - publicar comentarioCambalache LiterarioHola a tod@s,
Aquí os presento una Red Social que he creado... (uf, qué cosas ¿no?), así, como un Facebook pero a lo chiquito, para poder compartir escritos, poesías, músicas, dibujo... cualquier forma de expresión artística, pensamientos, meditaciones... etc. Un grupo que se mantenga vivo en la creatividad y que pueda crecer con la aportación mútua.
http://cambalacheliterario.ning.com/
Espero que podáis inscribiros sin problemas, en caso contrario, enviadme un mail a namastelola@yahoo.es y os envío una invitación para entrar.
Besos
Laura 22:34 - 21/06/2009 - comentarios {0} - publicar comentarioLos Ojos Nuevos- Señorita, disculpe, ¿qué tal le van estos ojos? Son de color marrón, como los suyos, y muy grandes y despiertos, como los suyos. Además, con éstos va a poder ver la realidad tal y como es. - “Pero… es que… acaso ¿no estoy viendo ahora mismo la realidad, tal y como es?” El camarero sonríe y me dice: - Señorita, ¡qué cosas tiene usted!, es muy simpática. Pruebe a llevárselos, verá qué bien le sientan. Decido finalmente comprar la mercancía. Ocho euros con cincuenta céntimos. Me los pruebo. Efectivamente, me sientan perfectamente, quizás un poco estrechos del lado izquierdo… será cuestión de adaptarse. El color combina a la perfección con mi fondo de armario. Me miro en el espejo, y por primera vez, me amo profundamente. Un amor de ocho cincuenta. Pienso en el Empire State, y me pregunto cuál sería hoy la vista desde allí. 12:32 - 21/06/2009 - comentarios {0} - publicar comentarioRisoterapiahttp://www.youtube.com/watch?v=R2X4FLQvExc&feature=related 23:56 - 10/06/2009 - comentarios {0} - publicar comentarioCuando prima el amor...... sobran los discursos sobre ética...
21:07 - 9/06/2009 - comentarios {2} - publicar comentariokrishnamurtiSed verídicos en la acción; jamás pretendáis ser otro del que sois, porque toda pretensión sirve de impedimento a la pura luz de verdad que debe brillar a través de vosotros como la luz del sol brilla a través de un diáfano cristal. 23:13 - 7/06/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioLas Cosas del MarNadaba entre las aguas de un inmenso océano de caballitos de mar. Siempre iba sola. Se sentía tan extraña entre ellos… ¿Por qué estaba allí? ¿De dónde había salido? Encontró un grupo muy numeroso de caballitos transparentes y desconocidos y, sin embargo, ninguno se sorprendió al mirarla. La aceptaron entre ellos, como a uno más. Cada uno llevaba un rumbo diferente, a pesar de nadar juntos. Unos se alejaban del grupo antes que otros. Se marchaban y volvían cuando querían. Ninguno le prestó la más mínima atención. Se encontraba perdida, mal herida, desolada… Lloraba como una niña de alma rota e incomprendida, sentada entre corales y algas verdes color infinito… De pronto, sintió que tenía alguien tras de sí, y al darse la vuelta, vio un precioso y ligeramente dorado caballito de mar que lloraba. Al alargar su mano y tratar de tocarlo, vio que se trataba de un trocito de espejo. En aquel momento comprendió que nunca había estado sola, a pesar de sentirse tan diferente a los demás… 21:06 - 31/05/2009 - comentarios {0} - publicar comentarioCosas de la vidaQué curiosas que son las "causalidades" de la vida, o como decía Jung, las "sincronicidades". Ayer a mediodía, cuando volvía para el trabajo después de hacer unos recados, el sol se encontraba justamente en el centro de la plaza, arriba de la iglesia de San Pedro, magestuoso, vibrante. Traté de mirarlo fijamente, pero no pude. Entonces recordé el mito de la Caverna de Platón, y en cómo estamos acostumbrados a ver sombras de lo que la realidad es, y no podemos mirar a lo que es puramente real, porque nuestros ojos se deslumbran. Sentí un dolor de no poder ver al sol tal cual es, lo sentí más dios que nunca, como los egipcios, porque nos alimenta, nos da vida, nos llena de luz y de alegría, nos inquieta su ausencia... y al mirar en mi bandeja de correo electrónico, recibo justamente esto que os adjunto, http://elmago.blog.arnet.com.ar/sun_gazing/, un maravilloso sistema para aprender a mirar al sol, y beneficiarse de toda esa magia que desprende a cada instante y que nos pasa tan desapercibida. He pensado entonces, cuántas maravillas nos pasarán desapercibidas... al menos recabé en una, parece de las más grandes, y me alegra enormemente haberme dado cuenta de un hecho tan simple, y tan importante. Parece que el sol me devolvió la alegría y el agradecimiento con este mensaje.
Besos y buen fin de semana
20:46 - 29/05/2009 - comentarios {0} - publicar comentarioKivaHola a tod@s, 22:04 - 22/05/2009 - comentarios {2} - publicar comentarioDECIRLESDecirles que la tierra no es de ellos, Decirles que el desierto solo conoce Que el Aaiun duerme Decirles que no hay más espera (Voz del pueblo saharaui ) 18:43 - 22/05/2009 - comentarios {0} - publicar comentarioLos jueces del Bien y el MalÚltimamente escucho en múltiples ocasiones que nos estamos equivocando, que llega un nuevo tiempo, hijo de las equivocaciones del pasado, y heredero de la genética del aprendizaje de los errores. Todo el mundo habla de lo que está bien y lo que está mal. Todo el mundo se siente juez de la economía, del sistema, de los políticos y de las naciones. Pero ¿quién somos nosotros para juzgar? Acaso ¿no estamos aquí para aprender? Creo que debemos caminar en positivo, individualmente, como ya he dicho muchas veces en este blog, no buscar soluciones fuera de nosotros, sino en nuestro interior. Constantemente recibimos mensajes de aviso para caminar por la afirmación, en lugar de continuar por el camino del “señalar” con el dedo a los culpables, sin embargo, elegimos la segunda vía, mucho más cómoda aunque inmensamente menos fructífera. Todo esto me ha hecho pensar en los conceptos del Bien y el Mal. Para mí, entran en juego en el momento en el que el Absoluto se materializa en algo físico y comenzamos a dejar de ver lo que nos rodea como inmanente en el Todo, para verlo como “parte” de un todo. Ya decían los herméticos que “como es adentro es afuera” y por tanto, pienso que todo lo que existe en nuestras mentes está reflejado fuera de infinitas formas. Nuestra mente es el origen de los opuestos, y como tal, fuera de ella, en su expresión material de nuestras ideas, aparecen los conceptos opuestos, entre ellos, el más importante de todos; la diferenciación entre el Bien y el Mal. Por eso creamos un Dios y un Demonio en nuestras mentes, que nos hagan identificar en algo externo nuestros conceptos internos, pero el Absoluto, en mi opinión, nada tiene que ver con estos dos señores. Nuestra tarea es tratar de unificar en nuestra mente las concepciones que de fuera recibimos. Las vemos, como dijo Platón, como sombras en una caverna de lo que en realidad son, y así es como dejamos de comprender su dimensión “redonda” o completa. El Bien y el Mal son la misma cosa en realidad, dualizada por nuestra mente, al igual que dualizamos al Absoluto con la idea de Dios y del Demonio. Si desgranamos el concepto del Bien/Mal, a medida que entramos en lo más profundo del mismo, descubriremos un relativismo total. Ninguna mala actuación viene sola, sin llevar también acarreada alguna buena consecuencia, y viceversa. Y en el límite de ese relativismo total, es donde comienza el absoluto carente de opuestos. Por tanto, entiendo que estamos en una dimensión o un nivel de conciencia que trata de seguir el camino hacia la unicidad, hacia esa ausencia de lo bueno o lo malo. Pero únicamente a través de nuestro trabajo interno y de la educación de nuestra mente podemos alcanzar un cambio fuera de nosotros y modificar la “realidad”. Estamos en un nivel de conciencia triangular, en el que los opuestos son la base de nuestro conocimiento, el mal nos ayuda a superar escalones de la pirámide, y nuestra meta es esa cumbre unificadora que no es otra cosa que el absoluto, apenas alcanzable por instantes en nuestro interior, sólo como un atisbo de lo que en realidad es. Creo que existen instantes únicos en los que la creación nos regala un rayo de luz de Una vez que somos conscientes de que los sistemas están mal, dejémonos de vivir en el constante juzgar estático y apliquemos el avanzar afirmativo. Tenemos un infinito de felicidad en nuestro interior, potencial de crear las más excelsas maravillas, el arte es un claro ejemplo de ello a lo largo de toda la historia. Con tristeza escucho criticar a los hombres de negocios que me rodean a aquellos que trabajamos por el arte, en cualquiera de sus formas, como si no fuera una forma de vida “real”. Mi trabajo es escuchar, pero no juzgar, y respetar, por muy difícil que sea, y como no soy Krishnamurti, al menos de momento…, opto por ignorar y seguir trabajando. Démosle la bienvenida a un mundo lleno de belleza y comprensión, lo tenemos justo delante de nosotros, sólo hay que saber ver más allá de lo que el ojo nos muestra. 18:10 - 9/05/2009 - comentarios {2} - publicar comentario¿Dónde duermen los sueños que no se cumplen?Seguramente en algún rincón de la naturaleza, rodeados de las raíces de los árboles que no terminan de crecer, junto con el agua del río que no termina en el mar y con los gusanos que, antes de convertirse en mariposa, mueren por decisión propia. Seguramente habitan rodeados de besos que, por miedo, no salieron de unos labios ansiosos que temieron el rechazo. ¿Cuándo duermen los sueños? En el descanso eterno quizás, en el lugar en el que no existe el tiempo, donde las maravillas esperan su turno para nacer, donde el viento decide si será brisa o bocanada, donde los misterios no son más que concreciones resueltas a ser enigmas, para que los humanos soñemos con imposibles. ¿Duermes? Quizás estás durmiendo en este mismo instante sin saberlo. ¿Sueñas? Cada día, a cada momento, sueño con despertar un día y saber por fin la respuesta a la más grande de las preguntas: ¿Quién soy yo? 21:04 - 3/05/2009 - comentarios {4} - publicar comentarioEdgar Allan Poe¿Deseas que te amen? No pierdas, pues, Versión de Andrés Ehrenhaus
Thou wouldst be loved?–then let thy heart 20:13 - 3/03/2009 - comentarios {1} - publicar comentario
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